Recolectores. Hórreos y paneras_ 17 abril, con Virginia López

ser panera_

Los hórreos, cabazos y paneras en Asturias se vacían y derrumban, (aún protegidos por la legislación por su valor artístico y etno-antropológico). Icono de la región y ejemplo de sabiduría, sostenibilidad y funcionalidad arquitectónica, contenedores de cosechas, de culturas, tradiciones y ritos, atesoran el subconsciente de las familias, espacios de socialización para una aldea perdida; son monumento absolutamente contemporáneo: testimonio material y silencioso de una realidad sin resolver, las relaciones campo-ciudad, nuestra relación con el territorio. Su presencia nos alerta de un despojo, de una pérdida: la sostenibilidad y biodiversidad de nuestros paisajes, el carácter sagrado del alimento y los ciclos vitales, la falta de soberanía alimentaria. Su estudio, conservación, y la re-semantización de su significación abren reflexiones de absoluta actualidad en el campo de las ciencias sociales, de la estética, la arquitectura y urbanismo (salvo que sigamos pensando que el pasado es un compartimento estanco que no habitamos y que el progreso debe arrasar, para así ir dando bandazos hacia ninguna parte). v.l. texto para “Habitantes Paisajistas: Tierra Adentro”, 2019

LA TIERRA, LO MÁGICO, LA MANO PIENSA, LO POÉTICO, LO FUNCIONAL, LOS EQUILIBRIOS, LA HUELLA, LO SONORO, LOS CUIDADOS, APRENDIZAJES COMPARTIDOS, RESIGNIFICAR, LO VEGETAL, EL UMBRAL, EL CONTACTO, EL VIAJE, LA TÉCNICA, LO INESPERADO, LA TIERRA, ISOMORFISMOS, SER PANERA. SER PAISAJE. 

#RECOLECTORES: Entre abril y mayo documentaremos con fotos y dibujos de la mano de Virginia López, los motivos decorativos pintados y tallados en las paneras y hórreos del entorno. En junio, recolectaremos plantas y cultivos locales que se prensarán y secarán, a través de paseos etnobotánicos colectivos junto a Lorena Lozano (Econodos). Estos materiales servirán para la elaboración de negativos en los talleres de fotografía (cianotipia) sucesivos. Una visita al Muséu del Pueblu d’Asturies servirá para contextualizar nuestras recolecciones y los talleres de agosto «aperos inútiles». El taller de papel con el maestro papelero Juan Barbé nos ayudará a experimentar con papeles artesanos a  partir de fibras vegetales.  

 Fechas. 

17 ABRIL Y 8 MAYO: paseos por hórreos y paneras de Trubia y Veranes con Virginia López. (SÁBADOS de 11.00A 14.00h)
5 JUNIO y 12 JUNIO: paseos etnobotánicos con Lorena Lozano (Econodos) (SÁBADOS de 11.00A 14.00h)

detalle de uno de los pegoyos y muela del hórreo de Casa Fombona, en la aldea de Trubia (Gijón).
El nido, Virginia López. 2011. del libro de artista Leaves. Il Bobolino. Firenze.
Dona arbre, Fina Miralles.
Aunque los motivos que aparecen en estas paneras de mediados del s.XIX tienen un carácter fuertemente decorativo (se relacionan con las tallas y repertorio del arte barroco), siguen manteniendo el carácter apotropaico de los primeros símbolos (rosetas hexapétalas, tetrasqueles, molinillos, serpientes…): las invocaciones religiosas servían a proteger y custodiar la cosecha: la fuente de vida. Ave María Purísima / Sin pecado concevida incisas en dos tablas de la colondra de la panera de casa Sucu en Veranes. Frottage realizado por Marisa Requena durante el paseo y taller del 17 de abril.
la naturaleza ha sido siempre fuente de inspiración porque compartimos el mismo proceso vital, energía, crecimiento y movimiento, traducidos en formas esquemáticas a través de meandros, círculos concéntricos, ondas, formas que son fuerzas vitales. Dibujo copia de la fotografía de Karl Blossfeldt, mostrando la gestación de un helecho.

combat-de-pierres-Claude Cahun-1931-web
Mesa de presentación “recolectores-Agropolitana. 17 abril 2021. Dibujos de Virginia López ( y fotografía de la obra de Fina Miralles).
Virginia López, detalle de la tabla de dibujos Recolectores-Agropolitana (dibujo del Domen de New Grange, Irlanda, II milenio a.C.)
Más dibujos de la mesa Recolectores-Agropolitana. Esta vez desde el neolítico nos vamos a hexapétala tallada en la la piedra: Santa Cristina de lena, iglesia del arte prerrománico asturiano, con iconostasis de periodo visigodo. O a la derecha: rosetón de San Miguel de Lillo (s.IX) que tanto me recuerda los ventanucos de ventilación en las paneras…
betili o menhir en Cerdeña. II milenio a.c. cultura Nuragica.
Giorgio Stacul. “La grande madre. Introduzione all’arte neolitica in Europa”. Luca editore.1963. Biblioteca de PACA.
Virginia López, Como mi piel, dibujo para la mesa Recolectores-Agropolitana 17 abril 2021.

CAP. 1

Ser panera

Es emocionante encontrarse con estos seres silenciosos y majestuosos, hórreos y paneras de nuestras aldeas, con sus sombras internas, su sencillez aparente, a veces en contextos de quintanas maravillosas, a pesar de los envites del tiempo, a veces en estado de abandono o con reformas poco afortunadas, otras cuidados y con mimo, están un poco ahí… a la espera, llenos de trastos que son nuestras memorias, individual y colectiva. Una mirada rápida no les hace justicia porque apenas se ve su silueta -tan habitual que no se le da importancia(1). Te acercas y entonces tocas la madera de sus colondras, los restos de pintura que quedan entre las tallas a bisel dignas de retablos barrocos o armarios de casonas señoriales. Queridas este viaje es un encuentro con el buen saber artesano, con un agro y una cultura campesina que ha sido fuente de belleza aunque no se le haya reconocido ni hecho justicia.

Durante los días previos al encuentro del 17 de abril comencé a realizar una serie de dibujos con los que introducir brevemente algunas conexiones posibles para el paseo por las paneras de las aldeas de Trubia y Veranes: isomorfismos, identidades, movimiento, injerto, ser naturaleza, memoria arcaica, lenguaje simbólico, Fina Miralles, cosmocentrismo, sentirse parte de, lo mágico, el saber artesano, la talla, la madera, la piedra, materiales, belleza, arte culto, prerrománico, arte barroco, cultura campesina, hexapétalas, menhir, pegoyos, enraizadas en la tierra, vibración vital, ciclo continuo vida-muerte, luz y sombra, lo misterioso e inaferrable, huella, iconografías …
Entre los dibujos también la fotografía de Fina Miralles “ser arbre” como ejemplo de esa consciencia de ser parte de la naturaleza, del acto de “ponerse en el lugar de” , como animismo necesario para la plena comprensión de lo otro y así incorporarlo.
Ser naturaleza, ser agro, ser panera.

Me interesaba tocar algunas ideas centrales: la noción de identidad, de tiempo y la idea(s) de belleza, ligadas al patrimonio de nuestra arquitectura tradicional agraria y a nuestra relación con la naturaleza.

Identidades complejas. Somos injerto. Todo está en Movimiento.

Como una melodía con variaciones y un bajo continuo que nos ancla, que hace de la presencia una permanencia. Hoy vamos por fragmentos. Y en mitad de todo este vaivén que puede producir vértigo, necesitamos continuidad, ser parte de, dibujar una línea continua que no se interrumpe o se corta. El campo con sus estaciones, con sus cambios en los cultivos, el paisaje es un evento que esta sucediendo siempre, siempre en movimiento. Meandro, laberinto, onda, trisquel, estrella y zigzag…Y hay algo que se mantiene, que se repite con ligeras variaciones. Es la vida.

Lo mismo sucede con la cultura, las identidades o el patrimonio: se están reelaborando constantemente, no es una herencia dada y monolítica, no es un cuerpo estable o estático que procede en bloque del pasado. Quizás ahora todos los cambios son tan rápidos que lo que viene de atrás nos parece algo unitario, formulado, empaquetado, repetido. Pero es solo nuestro relato y mirada, subjetiva, que depende de los contextos de pensamientos, de sucesos, de intereses…Todo relato es parcial, ya nos lo decía Italo Calvino (2). Somos nosotros quienes construimos esos relatos. Sucede no solo con la memoria colectiva, sino también con nuestras mínimas memorias individuales: seleccionamos recuerdos, los componemos, los ordenamos y cada vez hacemos, olvidamos y rehacemos un relato de nuestra vida, verdadero o falso, esas categorías quizás no importen, también lo decía Pessoa, el poeta es un fingidor. Por eso nuestra identidad es compleja y en proceso de formación, siempre practicando injertos (mientras escuchamos, observamos, aprendemos, caminamos….) que nos alimentan y transforman, que pasan a integrarse en nuestra linfa vital regenerada. La identidad es móvil, qué alivio! es múltiple! y no creo que su vínculo con los lugares sea más que aquel de hacernos sentir responsables en nuestro co-habitar cotidiano.

Así que llegados a este punto, este viaje por paneras y hórreos es también una ocasión para componer relatos, relacionarnos con nuestro patrimonio con una punta de poesía y un pellizco de magia, llegando a ellos de muy lejos, porque su presencia es también testimonio de nuestra propia memoria ancestral. La historia, el patrimonio puede reinterpretarse, manipularse (con cuidado y mimo), resignificarse y ampliarse. Todo aquello que nos permita establecer conexiones con nosotros mismos, que nos afecte (y no sentirlo como ajeno o remoto), que nos produzca una vibración vital. Paisaje como piel, porosa. Paisaje resonante. (((())))

notas:

(1) icono socializado: con hórreos y paneras sucede como con otros elementos del patrimonio de cualquier latitud y tiempo, se convierten en iconos identitarios de una cultura y paradójicamente por ello pasan a ser casi inadvertidos, gastada la mirada, por ser imagen habitual de ese pasado consensuado. Un hórreo o un toro de Osborne en el paisaje castellano, arquitectura o llavero, silueta familiar que vemos de rojo al pasar por su lado. (2) sobre el relato: en palabras de Italo Calvino, cada uno se siente autorizado a aislar la historia que decide narrar del conjunto de lo potencialmente narrable, no tiene, por tanto, pretensión de verdad universal.  Es un objeto parcial, nace siempre da forma individual o colectiva, desde la subjetividad o intersubjetividad de quien o quienes lo narran y lo que relata no termina en quien relata, sino que se completa en quienes lo reciben.  A diferencia del discurso, no es un enunciado cerrado y compacto con el que se expresa un pensamiento y con el que se suele querer convencer al otro, unidireccional, que presupone posiciones de poder por parte del enunciador. 

detalle decorativo en la colondra de la panera de casa el Maestro, aldea de Trubia.
“Cuando el temblor del útero realiza toda su descarga (Leyendo a Casilda Rodríguez Bustos)”. De Rafael SM Paniagua para las II Jornadas feministas Vaciador 34.2017
Giuseppe di Napoli en “Disegnare e conoscere (la mano, l’occhio, il segno) . Einaudi editore.

Dibujo de Giuseppe Penone. publicado en el catálogo PENONE, a cura di laurent Busine. Electa.
detalle decorativo en la colondra de la panera de casa el Maestro, aldea de Trubia. Entre los motivos decorativos de hórreos y paneras figuran motivos geométricos y astronómicos, ya en los ejemplos documentados más antiguos (hórreos del estilo Villaviciosa): círculos, zig zag, discos, molinetes, rosetas (tetrapétalas, hexapétalas) y trisqueles, todos ellos alusivos al movimiento, a lo astral y solar, a la buena suerte y protección. También aparecen motivos florales, orgánicos, formas ondulantes, fluidas… dentro de un repertorio que ya en las paneras que visitamos en Veranes y Trubia (del s.XIX y pertenecientes al conocido estilo Carreño), se relaciona con el arte barroco, y a la función simbólica se suma cada vez más una función meramente decorativa y de prestigio social. En este juego de relaciones un poco heterodoxas, me parecía interesante bucear en estos signos y formas como fuerzas vitales, que se relacionan con lo telúrico, lo subterráneo, la fertilidad y la protección, en una suerte de vibración vital que va más allá de lo femenino, sino que constituye la energía vital de todo lo viviente, de todo ser vivo conectado con la naturaleza. Fuerzas representadas ya desde el arte neolítico, en ese periodo en el que el ser humano empezó a practicar la agricultura y preocuparse por los cielos y misterios de la naturaleza que afectaban a su supervivencia. Ese periodo, el de la revolución neolítica, en el que vida y muerte constituían un ciclo continuo de emerger y volver a la tierra, donde los ritos fúnebres tenían tanta importancia porque eran la manera de asegurar la vuelta a la tierra y que el ciclo no se interrumpiese. Cuando éramos cuerpos que nos sabíamos Naturaleza.

Arraigadas a la tierra, cosmocentrismo y memoria arcaica.

Desde el 2013 vivo frente (a veces debajo, a veces dentro) a la panera de Casa Antonino. Y desde hace unos 3 años creo, he desayunado con Fina Miralles plantada en un campo, dona arbre, (fotografía que tenía en la cocina y a la que en primavera acariciaba fugazmente un arco iris mañanero, cuando el sol se deshacía a través de un espejo). Por eso quizás, ser panera, igual que Fina probaba a ser árbol. Ambas arraigadas a la tierra, ambas plantadas, ambas cuerpos que se saben naturaleza. Recientemente, con motivo de su exposición en el MACBA, leía el maravilloso texto de Tamara Díaz Bringas que forma parte del catálogo: Ser parte (contra una pedagogía de la exterioridad) del que entresaco algunos fragmentos por su conexión con el tema que nos ocupa:

La relación de exterioridad con la naturaleza constituye la condición para la apropiación/explotación que está a la base del paradigma occidental del crecimiento sin límite, es decir del desarrollo“. Rita Segato

La visión cósmica de la vida es estar conectado con el entorno, todo el entorno tiene vida (y) adquiere un valor sagrado (…). La espiritualidad nace de esta visión y concepción con la que todos los seres de la madre naturaleza tienen vida y se interrelacionan”. Primera Cumbre de Mujeres Indígenas de América.

Hórreos y paneras languidecen, como aperos inútiles de una sociedad que ha perdido su conexión con la naturaleza, con el campo y la agricultura. No es solo que ya no parezcan tener utilidad como cajas recolectoras de cosecha en un campo cada vez más abandonado o industrializado, explotado, sino que tampoco parecen ser capaces de comunicar todos los valores, visiones, ritos y universo simbólico que contienen. Porque nosotros no sabemos escuchar, ni adentrarnos ya en una memoria arcaica que nos acompaña en lo más profundo de nuestra historia personal y colectiva, biológica y afectiva. Por eso creo que son seres vivos, como todo objeto resonante que animamos con nuestras experiencias, anhelos, deseos. Seres deseosos de susurrarnos historias si les damos tiempo y nos acercamos. Historias que son linfas poderosas, que hablan de interconexión, de comparticipación, del ciclo continuo que es la vida y la muerte. Ser panera, como animismo (conocer, personificar), como ejercicio de fusión e interiorización, frente al antropocentrismo y la sordera, tomar el punto de vista de lo que es preciso conocer o re-conocer, plantarse, ser pegoyo, o menhir. Ser panera.

Lo que somos hoy es una suma de cambios que se pierde en el origen de los tiempos…sabíais que nuestro ojo contiene el ojo de un calamar o de una serpiente? Recuerdo mi sorpresa cuando hace años leía a Giuseppe di Napoli en “Disegnare e conoscere (la mano, l’occhio, il segno)”. Nos recordaba como nuestro ojo, por ejemplo, es el resultado de una evolución bilógica que ha ido afinándose según las necesidades del contexto, pero siempre englobando el primer ojo y las evoluciones siguientes. Así que aquí estamos heredando el ojo del calamar y manteniendo todavía hoy, la mirada periférica, esa del depredador, la función más ancestral que nos alerta del movimiento también en la oscuridad. Quienes dibujamos, entre otras profesiones, ejercitamos ese mirar periférico, esos ojos heredados de nuestro pasado evolutivo, a pesar que cada vez más se nos exija el ojo funcional de nuestros días, todo visión central, perdiendo profundidad de campo y potencialidad de visión en nuestro mirar cotidiano. Lo mismo pasa con nuestra mente y cerebro, con nuestra memoria. Ahí estaba Jung recordándonos la importancia de explorar el símbolo, porque en esos momentos nuestra mente se relaciona con ideas que están más allá de las capacidades racionales. Nos conecta con nuestra memoria arcaica, con el límite de la certeza, entramos en contacto con las zonas de sombra (como la panera que es pura penumbra interior, un viaje al interno de nuestra psique profunda), esas en las que habita todavía, desoída, la mente originaria, que ha sido expulsada por la mente consciente para denominarla inconsciente.

Así el viaje por hórreos y paneras, ser panera, es reivindicar lo periférico, el inconsciente, lo simbólico, nuestra conexión ancestral con el cosmos.

Gloria y Rosi Pintueles en la panera de Sotiello (casa Elena)
Frottage realizado por Marisa Requena, panera de casa Sucu.

cap.2

El encuentro con la belleza y archivo frotado

paseo 17 abril 2021

Iniciamos el paseo para centrarnos en los motivos decorativos tallados y pintados en una selección de tres paneras de estilo Carreño en las aldeas de Trubia y Veranes (Cenero, Gijón): panera de Casa Pereda, panera de Casa Sucu, hórreo y panera de casa Miguel. Observar, acercarse, tocar, conocer, aprender, valorar … dibujar. El dibujo requiere atención, tiempo, observación, es menos instantáno que el click en la cámara del teléfono.

continúahttps://agropolitana.wordpress.com/2021/05/09/recolectores-horreos-y-paneras_-8-mayo-con-virginia-lopez/

Frottage realizado por Ängeles

Panera de casa Pereda, 1856 (aldea de Trubia, Cenero.Gijón)

panorámica y detalle de la decoración tallada y con policromía original de la panera de Casa Pereda, datada en 1856, estilo Carreño. aldea de Trubia.

Panera de casa Sucu, 1818 (aldea de Veranes, Cenero. Gijón)

Panera (1889) y hórreo (1902) de casa Miguel (aldea de Trubia, Cenero. Gijón)

bibliografía relacionada:

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